Ayer, 10 de agosto de 2026, viví uno de los sustos más grandes que he sentido en mi vida. Bueno, en realidad es un poco egoísta decir "viví", corrijo, vivimos. Colombia sintió el mayor movimiento telúrico del siglo, un terremoto de 7,4 de magnitud que dio inicio a un día colmado de incertidumbre, tristeza, desesperación, llanto y un sinfín de sensaciones que, por lo menos yo y mis conocidos más cercanos, sentimos.

Es demasiado angustiante ver cómo todo se derrumba sin que uno pueda hacer nada. La impotencia nos atiborra y no nos deja pensar con claridad. Aunque estoy en una ciudad donde no hubo mayores complicaciones ni afectaciones en infraestructura o víctimas, acompaño de todo corazón y desde la oración, a las personas que en este momento siguen padeciendo las consecuencias de lo sucedido.

Desde hace un tiempo he venido practicando algunos ejercicios que me han ayudado a gestionar mis emociones y por eso hoy quiero compartirlos contigo. Son dos técnicas que me han ayudado a mantenerme tranquila cuando todo a mi alrededor parece derrumbarse y, en esta ocasión, literalmente lo hizo. Estoy segura de que también pueden ayudarte a ti, tanto como me han ayudado a mí.

Escritura libre . Toma lápiz y papel. Escribe todo lo que está pasando por tu mente, todo lo que te tiene asustad@, absolutamente todo. No dejes nada por fuera, no importa si llenas dos o tres páginas. Desde la psicología se utiliza esta técnica para que tu mente deje de dar vueltas y vueltas sobre una misma situación y empiece a soltar. Al escribir todo lo que sientes, cuando termines vas a notar que te sientes más liger@. Vas a reconocer que lo que sientes, aunque es completamente real y válido, no tiene que quedarse atrapado dentro de ti dándole más y más vueltas. Ponerlo en el papel es una forma de decirle a tu mente: "ya te escuché, ahora puedes descansar un poco".

Registro de pensamientos y emociones. El segundo método que puede ayudarte es hacer un registro de pensamientos y emociones. Haz cuatro columnas en una hoja y ponle a cada una los siguientes nombres: Situación, pensamiento, emoción, conducta. Después, empieza a llenarlo. Te lo voy a ejemplificar con lo que yo escribí ayer:

• Situación : terremoto fuerte que me despertó.

• Pensamiento : "No voy a poder salir de mi casa", "se va a caer mi casa", "no van a alcanzar a salir mis papás y mi abuela", "le va a pasar algo malo a los que quiero".

• Emoción : tristeza, miedo, frustración, desesperación.

• Conducta : salí corriendo de mi casa, descalza, gritando "¡está temblando!".

El hacer este ejercicio te permite ver, con la cabeza fría, algo que en el momento de la crisis se siente todo mezclado y gigante. Cuando separas la situación del pensamiento y el pensamiento de la emoción, te das cuenta de que no fue el terremoto el que te hizo actuar así, sino los pensamientos que tuviste sobre lo que pudo haber pasado en ese momento. Y esos pensamientos, aunque nacieron de algo real, muchas veces se adelantan a lo que en verdad estaba pasando. Ver esto escrito, columna por columna, te ayuda a diferenciar entre lo que realmente estaba pasando y lo que tú te estabas imaginando y eso, con el tiempo, te da más herramientas para responder desde la calma y no solo desde el instinto.

Hoy, mientras escribo esto, la tierra ya no tiembla, pero muchos de nosotros seguimos temblando por dentro. Y está bien. No hay una forma correcta ni un tiempo límite para sentir miedo después de algo así. Es algo normal y es válido sentir y expresarte, pero no hacerte escenarios imaginarios en tu cabeza que van a mortificarte en vez de calmarte. Si algo me dejó claro el susto de ayer es que, evidentemente, no podemos controlar cuando se mueve el suelo bajo nuestros pies, pero sí podemos aprender a sostenernos cuando eso pasa. 

Escribir, darle nombre a lo que sentimos, ponerle palabras al caos, no va a hacer que el peligro desaparezca, pero sí nos devuelve un poco de calma en medio de la incertidumbre y el miedo y, a veces, ese pedacito es suficiente para volver a respirar y ser apoyo a quienes tenemos cerca. Si hoy te sientes triste o, simplemente, no sabes cómo te sientes, tómate un momento. Respira, escribe y, si puedes, abraza fuerte a quien tengas cerca, porque si algo nos recordó ayer la tierra, es que lo que más importa, al final, son las personas que amamos y el tiempo que tenemos con ellas.

Un abrazo enorme para todos los que, como yo, sintieron el suelo moverse. Y toda mi fuerza y mis oraciones para quienes hoy siguen enfrentando lo que el terremoto dejó.

 

Artículo redactado por: Juliana Duque Cardona

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